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Biografía

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Verónica Sukaczer




Verónica Sukaczer nació, eso seguro, el 10 de octubre de 1968 en la Ciudad de Buenos Aires. Los adultos (i)responsables a cargo fueron: Beatriz Feidman, maestra, y Bernardo Sukaczer, odontólogo. Ya desde el nacimiento padeció dos hermanas mayores.

Su infancia no vino sola. Se le diagnosticó hipoacusia bilateral severa a profunda, y así fue por el mundo: escuchando entre más o menos y muy poco, según las circunstancias. Dicen que tuvo que aprender a arreglárselas según el método “darwiniano”: se sobreadaptó a su entorno y sobrevivió.    

A los seis años fue enviada a la primaria para ver si se educaba. Cursó de primero a quinto grado en la escuela Florencio Varela, del barrio de Flores, y sexto y séptimo en la Provincia de Mendoza, de Paternal. Todas escuelas municipales, laicas y gratuitas.

No sabemos si se educó, pero existen pruebas de que aprendió a leer y escribir y que, para colmo, le gustó. No dejó de leer nunca más. Todo material escrito caía bajo su curiosa e inagotable sed de lectura. Los diarios personales de sus hermanas, el diario de todos los días, miles de revistas de historietas (Mafalda, Hijitus, Patoruzú, Archie, etc, y más etc), cuentos, novelas, los libros de medicina de su tía pediatra, el diseño curricular de su mamá, las cartas privadísimas de todo el mundo.
 
Con el tiempo, parece que empezó a escribir. Primero poemas, luego cuentos.
Listo. Ya sabía las dos cosas que debe saber un escritor.
Había encontrado su camino.

Su adolescencia, literaria.
Cursó el colegio secundario en el Normal N°4, en Caballito y  terminó con el título de Bachiller en Letras bajo el brazo, aunque después lo dejó sobre una mesa.
 
En el año 1990 se recibió de Periodista en la Escuela Superior de Periodismo del Instituto Grafotécnico, y por varios años alternó la pluma y el grabador.
Trabajó en varios medios, como el diario La Nación y la revista Billiken. Entrevistó a grandes escritores, conoció lugares fantásticos (estuvo veinte días en la Antártida, viaje que gusta contar una y otra vez y otra vez, por lo cual se aconseja no nombrar el continente blanco en su presencia). Preguntó todo lo que quería preguntar.
 
También escribió guiones para programas de TV y estudió un montón de otras cosas: dactilografía, locución, investigación periodística, taller literario, primeros auxilios en la Cruz Roja, lengua de señas, producción televisiva.

Y luego comenzó la etapa de los libros. Publicó: “Ventana de la imaginación”, “Periodismo”, “Alas para la Paloma”, “Nunca confíes en una computadora”, “Los monos del mar”, “Vuelta al mundo”, “Hay que ser animal”, “El inventor de puertas”, “Nunca salgas desconectado”, “Mal de familia”. Más cuentos y textos en diversas antologías.

Y de los premios, que ella siempre dice que no son tan importantes, pero bien que le gusta recibirlos: primer premio del concurso Colihue de cuentos para chicos 1992; primer premio Inarco a las Letras, 2007; segundo premio de cuento de la revista Imaginaria 2007; mención especial del premio Sigmar de literatura infantil y juvenil 2009.

Última novedad: se diplomó en Logogenia y ya está trabajando con chicos sordos para que puedan desarrollar su competencia lingüística y, así, entender lo que leen. Porque, dice Sukaczer, es la lectura la que les abre el mundo a las personas que no escuchan.

En el medio creció. Se casó. Tuvo dos hijos. Aprendió a cocinar. Viajó un poco. Tuvo aventuras. Y desventuras. Leyó mucho más.

Parece que le va bien.
Sigue escribiendo.